37 UN PALACIO PANTEÓN EN MOLINOS DE PAPEL




Palacio-panteón de Molinos de Papel

  A muy poca distancia de Cuenca, casi tan cerca que puede llegarse andando, y de hecho son muchos los caminantes por la ribera del Huécar que hacen ese camino de manera frecuente, se encuentra un lugar ciertamente singular, llamativo ya desde su propio nombre, Molinos de Papel, directa y clara alusión a una industria que allí tomó forma y prosperó durante décadas, de manera tal que su fama llega hasta nuestros días, como referencia ineludible cuando se hacen comentarios, libros o artículos sobre la fabricación de papel en España. Aldea de Palomera, ambos nombres van unidos de manera indisoluble, de modo que hablar de uno es como mencionar también al otro.   
   Nos cuentan los cronistas de Cuenca que el primer molino de papel instalado aquí fue el del genovés Juan de Otonel, en 1626, quien dio trabajo a 30 personas, consiguiendo desde el primer momento el favor de la corona con lo que fue posible desarrollar una próspera industria, que alcanzó prestigio nacional, mientras el pequeño caserío situado al borde del Huécar emprendía un periodo de bienestar. La felicidad, en este mundo, tiene una vigencia limitada y por ello llegaron después los años de desavenencias, desentendimiento y penurias, hasta que los Clemente de Aróstegui, familia singularmente benemérita, les dio un nuevo impulso, ya a finales del siglo XVIII. Fue la última descendiente de esta estirpe, doña Gregoria de la Cuba y Clemente,  cuya estatua de matrona regia se encuentra en el parque de San Julián, la que ideó poner en marcha una fundación que tenía una doble finalidad: promotora de la actividad agraria en las extensas tierras de su propiedad, con lo que se beneficiaba a loa labradores de la comarca y educativa, creando unas escuelas que ofrecieron enseñanza a los niños de la aldea y de su pueblo matriz, Palomera. La artífice de esta iniciativa falleció sin descendencia, de manera que con ella se agotó la estirpe, pasando sus bienes a ser gestionados por una fundación que, como suele suceder en tantos casos similares fue languideciendo con el paso de los años hasta llegar a un estado parecido a la inanición.
   Para cumplir sus propósitos, la fundadora levantó un magnífico complejo edificado, un palacio-panteón de grandes proporciones y magnífico aspecto visual, con valiosos elementos arquitectónicos y artísticos en su interior, que sobreviven con cierta dignidad al destructor paso del tiempo cuando lo acompaña el abandono. El edificio, de planta rectangular con alas perpendiculares al eje principal, deja en el centro un amplio patio con fuente. En la fachada principal se abre la puerta adintelada, a la que acompañan un balcón principal y varias ventanas con rejería tradicional y se cubre a cuatro aguas. Junto a la casa señorial propiamente dicha se encuentran las dependencias de los trabajadores de la finca, la escuela y la casa del sacerdote que atendía el culto.


   Adosada al edificio principal se encuentra la iglesia-panteón, construida entre 1898 y 1903 con dedicación a Nuestra Señora de la Contemplación. Todo ello de inspiración neogótica que proporciona al conjunto una amable y romántica sensación de melancolía agridulce. Quienes pasan diariamente por delante de la fachada apenas si le dirigen una mirada distraída y pocos sienten el deseo de parar unos minutos para echar un vistazo a esta melancólica y romántica imagen, en cuyo interior, la Virgen del Trapo revive cada año cuando sale en procesión una de esas leyendas tradicionales de tanto encanto como dudosa certeza.
   La fundación, prácticamente inexistente desde hace años, ha quedado ya formalmente extinguida asumiendo la Diputación la propiedad del inmueble, con la intención de promover una hospedería, salvo la iglesia, que se integra en la estructura de la diócesis. Con ello, pensamos, a este hermoso complejo le puede esperar un futuro más animoso del que ha tenido en los últimos tiempos.

Cómo llegar
   Desde Cuenca el punto de partida es la Puerta de Valencia, donde empieza la carretera de Palomera por la Hoz del Huécar. A ocho kilómetros se encuentra Molinos de Papel, aldea de Palomera

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